Luis Cernuda

Luis Cernuda nasceu em Sevilha em 1902 e morreu no México em 1963. Homem sensível e solitário, foi um dos poetas mais originais da geração de 27. Ficou merecidamente conhecido como um escritor de saudades e de sensibilidades proibidas.

Opositor ao regime franquista, viveu exilado em Inglaterra, na Escócia e depois no México. Escreveu, entre outros, Los placeres prohibidos (1931), Donde habite el olvido (1934), Como quien espera el alba (1947) e La desolation de la quimera (1952). Em Portugal foram editados 3 livros: Prazeres proíbidos, Hiena, 1985; Antologia Poética, Livros Cotovia, 1990 e Um Rio, um Amor - Os Prazeres Proibidos; Ariadne, 2003.

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Poemas

Não dizia palavras,
Aproximava apenas um corpo interrogante,
Porque ignorava que o desejo é uma pergunta
Cuja resposta não existe,
Uma folha cujo ramo não existe,
Um mundo cujo céu não existe.

Entre os ossos a angústia abre caminho,
Ergue-se pelas veias
Até abrir na pele
Jorros de sonho
Feitos carne interrogando as nuvens.

Um contacto ao passar,
Um fugidio olhar no meio das sombras,
Bastam para que o corpo se abra em dois,
Ávido de receber em si mesmo
Outro corpo que sonhe;
Metade e metade, sonho e sonho, carne e carne,
Iguais em figura, iguais em amor, iguais em

desejo.

Embora seja só uma esperança,
Porque o desejo é uma pergunta cuja resposta

ninguém sabe.

tradução: José Bento 

de Antologia da Poesia Espanhola Contemporânea
no Poemário 2000, Lisboa, Assírio e Alvim

TE QUIERO

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena.
O iracundo como órgano tempestuoso.

Te lo he dicho con el sol,
que dora cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes.

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas.

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino.

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela en un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

 

QUISIERA ESTAR SOLO EN EL SUR.

Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
Con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.
El sur es un desierto que llora mientras canta,
Y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
Hacia el mar encamina sus deseos amargos
Abriendo un eco débil que vive lentamente.
En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta,
Su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.

 

QUÉ MÁS DA

Qué más da el sol que se pone o el sol que se levanta,
la luna que nace o la luna que muere.
Mucho tiempo, toda mi vida, esperé verte surgir
entre las nieblas monótonas.
Luz inextinguible, prodigio rubio como la llama;
Ahora que te visto sufro, porque igual que aquéllos
No has sido para mí menos brillante,
Menos efímero o menos inaccesible que el sol y la luna alternados.
Mas yo sé lo que digo si a ellos te comparo,
Porque aún siendo brillante, efímero, inaccesible,
Tu recuerdo, como el de ambos astros,
Basta para iluminar, tú ausente, toda esta niebla que me envuelve.

 

EN SOLEDAD NO SE SIENTE

En soledad. No se siente
El mundo, que un muro sella;
La lámpara abre su huella
Sobre el diván indolente,
Acogida está la frente
Al regazo del hastío.
¿ Qué ausencia, qué desvarío
A la belleza hizo ajena ?
Tu juventud nula, en pena
De un blanco papel vacío.

 

DIRÉ COMO NACISTEIS

Diré como nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre barrotes de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida si muros.
Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en ese agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.
No importa la pureza, los dones que un destino
Levantó hacias las aves con manos imperecederas;
No importa la juventud, sueño más que hombre,
La sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
De un régimen caído.
Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor a estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.
Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables,
manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.
No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta.
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.
Extender entonces la mano
Es hallar una montaña que prohibe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.
Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
Ávidos dientes sin carne todavía,
Amenazan abriendo sus torrentes,
De otro lado vosotros, placeres prohibidos,
Bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
Tendéis una mano al misterio.
Sabor que ninguna amargura corrompe,
Cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.
Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.

 

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofríos;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
Por quién el día y la noche son  para mí lo que quiero.
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad porque muero.
Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

 

He venido para ver

He venido para ver semblantes
Amables como viejas escobas,
He venido para ver las sombras
Que desde lejos me sonríen.

He venido para ver los muros
En el suelo o en pie indistintamente,
He venido para ver las cosas,
Las cosas soñolientas por aquí.

He venido para ver los mares
Dormidos en cestillo italiano,
He venido para ver las puertas,
El trabajo, los tejados, las virtudes
De color amarillo ya caduco.

He venido para ver la muerte
Y su graciosa red de cazar mariposas,
He venido para esperarte
Con los brazos un tanto en el aire,
He venido no sé por qué;
Un día abrí los ojos: he venido.

Por ello quiero saludar sin insistencia
A tantas cosas más que amables:
Los amigos de color celeste,
Los días de color variable,
La libertad del color de mis ojos;

Los niñitos de seda tan clara,
Los entierros aburridos como piedras,
La seguridad, ese insecto
Que anida en los volantes de la luz.

Adiós, dulces amantes invisibles,
Siento no haber dormido en vuestros brazos.
Vine por esos besos solamente;
Guardad los labios por si vuelvo.

Sombras brancas

Sombras fragéis, brancas, adormecidas na praia,
Adormecidas no seu amor, na sua flor de universo,
A ardente cor da vida ignorando
Sobre um leito de areia e de acaso abolido.

Livremente os beijos desde seus lábios caem
No mar indomável como pérolas inúteis;
Pérolas cinzentas ou talvez cinzentas estrelas
Ascendendo até ao céu com luz desvanecida.

Por detrás da noite o mundo silencioso naufraga;
Por detrás da noite rostos fixos, mortos, se perdem.
Só essas sombras brancas, oh brancas, sim, tão brancas.
A luz também dá sombras, mas sombras azuis.

Teias de aranha penduradas da razão

Teias de aranha penduradas da razão
Numa paisagem de cinza absorta;
Passou o furacão do amor,
E nenhum pássaro fica.

Tão pouco nenhuma folha,
Todas vão longe, como gotas de água
De um mar quando seca,
Quando não há lágrimas bastantes,
Porque alguém, cruel como um dia de sol na primavera,
Só com sua presença dividiu em dois um corpo.

Agora faz falta recolher os pedaços de prudência,
Ainda que sempre nos falte algum;
Recolher a vida vazia
E caminhar esperando que lentamente se encha,
Se é possível, outra vez, como antes,
De sonhos desconhecidos e desejos invisíveis.

Tu nada sabes disto,
Tu estás além, cruel como o dia,
O dia, essa luz que abraça apertadamente um triste muro,
Um muro, não compreendes?,
Um muro frente ao qual estou só.

Estava estendido

Estava estendido e tinha nos braços um corpo como
seda. Beijei-o nos lábios, porque o rio passava por
debaixo. Então se enganou de meu amor.

Suas costas pareciam duas asas pregadas. Beijei-o nas
costas, porque a água soava debaixo de nós. Então
chorou ao sentir a queimadura dos lábios.

Era um corpo maravilhoso que se desvaneceu entre 
os meus braços. Beijei suas pegadas; as minhas lágrimas
as apagaram. Como a água continuava fluindo, deixei
cair nela um punhal, uma asa e uma sombra.

Do meu próprio corpo recortei outra sombra, que só me
segue pela manhã. Do punhal e da asa, nada sei.

Estou cansado

Estar cansado tem penas,
Tem penas graciosas como um papagaio,
Penas que desde logo nunca voam,
Mas balbuceiam como o papagaio.

Estou cansado das casas,
Prontamente em ruinas sem um gesto;
Estou cansado das coisas,
Com um palpitar de seda voltas logo as costas.

Estou cansado de estar vivo,
Ainda que mais cansado seria o estar morto;
Estou cansado do estar cansado
Entre penas ligeiras sagazmente,
Penas do papagaio aquele tão familiar ou triste,
O papagaio aquele de sempre estar cansado.

Desdita

Um dia compreendeu como seus braços eram
Somente feitos de nuvens;
Impossível com nuvens abraçar até ao fundo
Um corpo, uma sorte.

A sorte é redonda e conta lentamente
As estrelas do estio.
Fazem falta uns braços seguros como o vento,
E como o mar um beijo.

Mas ele como seus lábios,
Com seus lábios não sabe dizer senão palavras;
Palavras até ao tecto,
Palavras até ao solo,
E seus braços são nuvens que transformam a vida
Em ar navegável.

Sentado sobre um golfo de sombra

Sentado sobre um golfo de sombra vais sendo já sombra tu todo. Sombra a tua cabeça, sombra o teu ventre, sombra a tua vida mesma.
Em vão escutas a canção do rapaz jovial. É uma canção impessoal, exactamente pudesse ser outra canção qualquer, e esse é o motivo para que te sintas atraído pelo canto e seu cantor.
Cuida da tua sombra; dentro de algum tempo nem sombra serás. Cuida do teu peito e de teus sonhos, cuida da tua cabeça, que já é uma nuvem e se perde, como xaile delicado, na tempestade orquestrada.
Sobe às cariátides enganosas; grita dali sobre a argila e a lã. Grita, grita, volta as tuas mãos ao contrário. Logo poderás estender-te confiado sob a tua própria sombra.
O resto é o amor evangélico.

 

de Um Rio, um Amor; Os Prazeres Proibidos, Ariadne, 2003

tradução: João Emanuel Diogo

El gobierno francés, ¿o fue el gobierno inglés?, puso una lápida
En esa casa de 8 Great College Street, Camden Town, Londres,
Adonde en una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja,
Vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron,
Durante algunas breves semanas tormentosas.
Al acto inaugural asistieron sin duda embajador y alcalde,
Todos aquellos que fueran enemigos de Verlaine y Rimbaud cuando vivían.

La casa es triste y pobre, como el barrio,
Con la tristeza sórdida que va con lo que es pobre,
No la tristeza funeral de lo que es rico sin espíritu.
Cuando la tarde cae, como en el tiempo de ellos,
Sobre su acera, húmedo y gris el aire, un organillo
Suena, y los vecinos, de vuelta del trabajo,
Bailan unos, los jóvenes, los otros van a la taberna.

Corta fue la amistad singular de Verlaine el borracho
Y de Rimbaud el golfo, querellándose largamente.
Mas podemos pensar que acaso un buen instante
Hubo para los dos, al menos si recordaba cada uno
Que dejaron atrás la madre inaguantable y la aburrida esposa.
Pero la libertad no es de este mundo, y los libertos,
En ruptura con todo, tuvieron que pagarla a precio alto.

Sí, estuvieron ahí, la lápida lo dice, tras el muro,
Presos de su destino: la amistad imposible, la amargura
De la separación, el escándalo luego; y para éste
El proceso, la cárcel por dos años, gracias a sus costumbres
Que sociedad y ley condenan, hoy al menos; para aquél a solas
Errar desde un rincón a otro de la tierra,
Huyendo a nuestro mundo y su progreso renombrado.

El silencio del uno y la locuacidad banal del otro
Se compensaron. Rimbaud rechazó la mano que oprimía
Su vida; Verlaine la besa, aceptando su castigo.
Uno arrastra en el cinto el oro que ha ganado; el otro
Lo malgasta en ajenjo y mujerzuelas. Pero ambos
En entredicho siempre de las autoridades, de la gente
Que con trabajo ajeno se enriquece y triunfa.

Entonces hasta la negra prostituta tenía derecho de insultarles;
Hoy, como el tiempo ha pasado, como pasa en el mundo,
Vida al margen de todo, sodomía, borrachera, versos escarnecidos,
Ya no importan en ellos, y Francia usa de ambos nombres y ambas obras
Para mayor gloria de Francia y su arte lógico.
Sus actos y sus pasos se investigan, dando al público
Detalles íntimos de sus vidas. Nadie se asusta ahora, ni protesta.

"¿Verlaine? Vaya, amigo mío, un sátiro, un verdadero sátiro.
Cuando de la mujer se trata; bien normal era el hombre,
Igual que usted y que yo. ¿Rimbaud? Católico sincero, como está demostrado."
Y se recitan trozos del “Barco Ebrio” y del soneto a las “Vocales”.
Mas de Verlaine no se recita nada, porque no está de moda
Como el otro, del que se lanzan textos falsos en edición de lujo;
Poetas mozos de todos los países hablan mucho de él en sus provincias.

¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable
Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,
Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita
Acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno
Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela.
Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla.

lido aqui